Tengo examen por la tarde. De Psicología Social, sí. Tendría que estar estudiando. No, ¿qué digo…? Tendría que estar durmiendo y descansando para mañana. Pero por las ganas que tengo de acabar de exámenes (y lo que no son las ganas de acabar de exámenes) y una de las formas en que lo he expresado, he acabado metiéndome en Wikipedia® y dando con un proyecto (apoyado por la UNESCO) que desconocía por completo. Se trata de KEO, una cápsula del tiempo que tiene prevista su puesta en órbita a la Tierra en 2014 y que tendrá prevista su reentrada a principios del siglo DXXI, LIII milenio. El nombre de esta cápsula proviene de los fonemas más presentes en las lenguas más habladas del planeta. Esta cápsula va a recoger: un diamante con una gota de sangre humana en su interior; el genoma humano grabado en una de las caras de la cápsula; muestras de aire, agua de mar y suelo; un reloj astronómico que demuestre nuestra capacidad de previsión demostrando los índices de varios pulsares en ese entonces; fotografías de gente de todas las culturas; “La biblioteca de Alejandría contemporánea”; un compendio enciclopédico actual; y mensajes de todos los habitantes de la Tierra.
Sí, mensajes de todos nosotros. Por una pequeña desactualización en Wikipedia® me he llevado una desilusión innecesaria, porque según dice, el periodo para recopilar nuestros mensajes acabó a finales de 2012. Pero según una modificación en la fecha de lanzamiento de la cápsula, en realidad acabará a finales de este año.
Y ya he enviado mi mensaje. Un mensaje que es para todos. Para los que estamos aquí hoy, para los que estuvieron ayer y para los que estén mañana. Acabe donde acabe KEO, lleve mi mensaje intacto o no a bordo, ya he dejado huella en el Universo.
Mi mensaje para todos vosotros es simple: soy inmortal.
Lo era cuando no nací, lo soy hoy que estoy vivo, lo seré aunque esté muerto, lo seguiré siendo ahora que estáis leyendo este mensaje y lo seré hasta cuando el Sol muera.
Este será un mensaje entre muchos, pero será un mensaje especial. Muy especial, porque os transmito una idea muy importante que quizá alguien no haya entendido aún.
Que sigo vivo. Que sigo disfrutando de la vida porque mi legado sois vosotros. Que estuve vivo antes de ser concebido porque tenía la forma de la ilusión de mis padres. Que estoy vivo hoy, porque desde que nací hasta que muera, sin siquiera tener descendencia aún a mis 23 años, no paro de caminar, dejando una huella sobre la faz de este planeta. Que estoy dando vida a mis hijos sin haberlos concebido aún porque ya sé quién quiero que sea la madre de ellos, a la que quiero con locura, con quien me he tirado al vacío sin miedo al miedo. Que seguiremos vivos cuando nuestros cuerpos hayan muerto, porque la memoria que dejaré en herencia será igual que la reminiscencia de una estrella que seguimos viendo pero que ya no existe. Que ahora, que estáis leyendo este mensaje, estáis comprendiendo que mi capacidad, mi inteligencia y mi percepción de la realidad fue suficiente como para entender y sentir, en lo más profundo de mi ser, esto que os cuento.
Esto que os cuento, familia, es muy importante. Ya estábamos todos vivos antes de nuestro origen. La vida ha existido siempre, y siempre existirá. La existencia es secundaria. La vida estuvo antes.
Todos aquí, de un tiempo a esta parte, han dogmatizado la existencia y no existencia de una supuesta fuerza mayor a la que han puesto mil nombres y le han quitado mil nombres más. Creyentes en una deidad, ateos que borraban la palabra Dios de su vocabulario… Vivo por mi esperanza en que alguien entienda que es la Vida. Es la vida la que está siempre antes. ¿No es Vida una explosión estelar? ¿No es vida el magma en el que quizá me haya convertido ya? ¿Por qué negamos la realidad? ¿Por qué tenemos miedo a la muerte? Quizá sea yo un loco o un pionero incomprendido por ahora. Quizá sepáis ya de mí porque conseguí transmitir mis ideas de forma que todos las quisieran recordar. Quizá no sepáis de mí porque el mundo fue demasiado pequeño para mí. Pero algo tengo claro. Y es que, pase lo que pase, nadie podrá negar lo que siento.
¿Qué es más real? ¿La realidad que construimos en nuestro interior o la que siempre hemos tratado de entender? ¿Acaso hay diferencia alguna? ¿Deja de ser en algún momento Vida pura?
Quiero que sepáis que os quiero con locura. Con toda mi alma. Que amo a mi especie. Que creo que sigo por ahí, entre vosotros. Lo más gracioso es que ni os habíais enterado de que sigo vivo, solo lo he sabido yo. Siempre lo sabré yo mejor que nadie. Y aquí os regalo la existencia eterna.
La búsqueda de la Vida eterna en esta existencia perecedera ha sido causa de muchos quebraderos de cabeza sobre todo el pasado II milenio, y quizá haya seguido siéndolo los posteriores. Pero nadie se da cuenta, y si alguien se da cuenta como yo, tiene las cuerdas vocales que yo, las de un humano que no puede gritarle al mundo lo que de verdad importa. Y es que yo he encontrado mi Santo Grial. Lo he encontrado, porque he encontrado la existencia eterna. Porque con sentirla dentro de mí, ya es real. Nadie puede negar lo que siento. Nadie puede decirme que miento. Y ahora todos a mi alrededor pueden creer que miento, que estoy loco, que no sé lo que digo, pero decidme:
¿Qué motivo tengo hoy para mentir a mi legado después de milenios? ¿Qué podría llevarme a mentir sobre el amor que siento por vosotros? ¿De verdad pasaré de largo como un suspiro más y no os importará que os quiero con toda mi alma? Es que no comprendéis que hasta eso me importa poco. Porque hoy, el día en que estoy escribiendo esto que leéis, ya existíais. Ya teníais vida. Ya os quería alguien. Quizá, recapacitando ahora un poco… Los que me permiten transmitiros directamente mis palabras a vosotros os tienen que amar tanto como yo aunque ni siquiera se les haya pasado por la cabeza. Si ellos me leyeron antes de introducir este mensaje en la cápsula donde he estado encerrado, quizá recapaciten con mis palabras. Recapacitarán y quizá serán de los pocos afortunados que sean capaces de creerme y entenderme. Porque no, familia. No miento.
Mi mensaje, ha sido simple. Me he extendido, pero mi mensaje es simple: soy inmortal. Y lo más importante que desprendo de esta verdad es que vosotros también lo sois. Y que os quiero. Porque sois mi familia. Un abrazo de milenios de antigüedad, pero lleno de Vida.
A quien menciono de pasada (y lo que no es pasada) por mi mensaje a nuestros descendientes, creo que le quedará más claro todavía hasta qué punto nos quiero. Hasta qué punto me siento vivo a su lado. ¿Exagerar? ¿Yo? Echadle la culpa a la ilusión que tengo y que no pienso perder nunca.
Nunca estaré más seguro de algo. O sí, quizá esté más seguro todavía cuando pasen 50.000 años y la esperanza que tengo en el mundo dé frutos. Frutos… ¿Qué más frutos si te llevo dentro, Vida? ¿Para qué más pruebas de que Dios existe y nada tiene que ver con la invidencia que todos adulan?
El día que muera, habré nacido otra vez antes.
El día que muera, poco me importará ya la muerte que no será.
El día que vivamos hasta tal punto… seremos uno.
Porque es un sentimiento oceánico lo que me recorre todo el cuerpo desde el día en que nos conocí de veras.
Porque eres una pasada.
Te quiero, Vida.
Posdata:
Acabo de descubrir, después de haber escrito mi mensaje, que Jean-Marc Philippe, el creador de este proyecto, falleció el 12 de noviembre de 2008. Con más razón me siento orgulloso del mensaje que he escrito. Porque sigue vivo. Porque se ha convertido en su proyecto. Porque es lo más vivo que queda de él.
Somos capaces de todo. Todo es posible.