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No tenía pensado escribir esta noche nada por aquí. Pero de nuevo la música tiene la culpa. En este caso no se trata de Fuel Fandango, sino de Beardyman. Un experto beatboxer que además de hacer reír con sus buenas dosis de humor, no se queda con las ganas de experimentar al máximo. Así nos demuestra una vez más lo que es capaz de hacer; creando estilos como el “Bossa-Grunge”:

Esto es solo un preview de la pista en su perfil de Soundcloud… Os dejo una versión acústica aquí, que no tiene ningún desperdicio.

Y es justo este tipo de cosas las que me llevan a preguntarme por qué hay gente que suelta ideas como “ya no se puede innovar mucho más en la música”, “es inevitable que un tema te recuerde a otro cuando has escuchado mucha música” o “innovar en la música es repetir un poco de unos, otro poco de otros y hacer una ensalada con todo para que llame la atención o resulte ser un truño”.

Por una parte, me parece una falta de respeto a una parte de nosotros mismos hablar así de la música. Por otra, creo que es verdad parte de lo que esas ideas intentan decir, pero no dan en el clavo porque ridiculizan lo que la música significa realmente.

La música es algo que llevamos en las entrañas, es parte de nuestro instinto ya, desde que el hombre es hombre ya era una forma más de expresión social y cultural. Y ahora que llegamos a un punto de la vida en que por unas u otras razones (no vienen a cuento ahora esos procesos) la música es también un negocio (y ahora evolucionamos, o involucionamos, no sé, a un nivel en el cual el hecho de que la música sea un negocio también es un negocio, véase la SGAE sin ir más lejos).

Es por eso que deberíamos cuidar un poco nuestra forma de expresar cómo sentimos la música si nos resulta monótona en algún momento de nuestras vidas. La música, desde que nacemos, ya está rodeándonos. Es algo demasiado habitual en nuestro entorno desde que tenemos meses, por lo que ya no le damos tanto valor u olvidamos hacerlo. Por ejemplo, era Pitágoras ya en el siglo V a. C. el que afirmaba que el movimiento de los astros generaba una hermosa y armónica música que no eramos capaces de percibir ni identificar, pues la llevábamos escuchando desde que salimos del útero de nuestras madres. Y Porfirio, un filósofo de un siglo o dos posterior a él, hablaba así de Pitágoras: “él oía incluso la armonía del todo: aquella que contenía la armonía universal y música de las esferas y los astros que se mueven dentro de dichas esferas, armonías que las deficiencias de nuestra naturaleza nos impiden percibir”.

Bueno, hoy en día todos sabemos que no existe esa música de la que hablaba Pitágoras, pues el sonido no se propaga por el vacío, necesitando de un medio material como el aire de la atmósfera. Pero su reflexión y lo que Porfirio decía de él nos deja una idea muy importante y es lo que había comenzado a evidenciar antes. La música está con nosotros desde que nacimos. En la televisión, en la calle, supermercados, coches, reproductores MP3… Va con nosotros a todas partes. Siempre tenemos a alguien que la esté expresando cerca o a alguien que esté reproduciendo cómo la expresa(n) otro(s). Ya no la vivimos tanto. Esa mínima sensación de impresión, de implosión de sentimientos que nos causa escuchar una canción que nos gusta es lo mínimo que tenemos ya, cuando podríamos tener más.

Habría que ser un poco como Pitágoras para evitar caer en juicios como los que citaba al principio de esta reflexión. Un poco, no tanto para llegar al extremo de escuchar sonidos donde no los hay, claro… Y con un poco, me refiero a saber apreciar la música como se merece. No haciendo comparaciones entre las personas, dejar un poco de lado los intereses que persigue alguien al expresar esa parte, percibiendo cada nota y cada ritmo como distinto cada vez que se expresa y cada vez que es expresado por alguien que lo repite (sea plagio o no, aunque si he dicho antes de olvidar los intereses que se persigan expresando música, me refería a olvidar conceptos como “plagio” también), dejar que nos llame la atención hasta el ruido mientras no sea molesto… Ser más vivos, en resumen. Eliminar la rutina de hasta donde nadie ni nada (salvo nuestro propio nacimiento) nos la infundó. Porque es esa rutina de estar siempre rodeado de sonidos lo que nos limita. Y esas deficiencias a las que se refería Porfirio, no están en nuestra naturaleza, sino en nuestra educación, en nuestra sociedad y en el mundo que se ha ido creando poco a poco. Salvemos parte de lo que hay en nuestros genes pensando un poco, igual que hacía Pitágoras. Pero lo dicho, solo un poco.

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2 Comments

  1. Ya no son sonidos, son imágenes, a veces las puedo hacer más poéticas con arreglos pero la verdad que son los sentimientos que tengo para alguien y no son para ningún concurso de letras donde tendría que ordenar y brindarle a la gente más lata y no quiero todavía por el momento al menos, la musica está bonita, en los versos las imágenes suenan.
    Chao,
    Señora-Rita.

    • No llego a entender del todo bien la idea principal que quieres expresar ya que la desarrollas de una forma muy poética y simbólica, pero por lo poco que puedo entender, parece que para ti son más importantes los versos, y que los versos los interpretas como imágenes… Sin duda tienes una forma peculiar de percibir la música, pero no hay porqué disociarla en sonidos e imágenes, todo en su conjunto es importante, aunque también es cierto que son dos formas de expresar sentimientos que se pueden dar por separado. De hecho es así muy a menudo.
      Espero que en tu caso tengas suerte y facilidad para expresar y canalizar esos sentimientos mediante versos.
      Un saludo,
      Ðãnï Φi.


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