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Category Archives: Reflexiones

El sustantivo “recuerdo” comparte su etimología con “cordura”. Seríais algo imaginativos si pensarais que “cuerda” tiene el mismo origen y que todo estaría relacionado con mantener bien amarrado el bienestar, con no cortar el hilo de la experiencia para decidir mejor qué hacer en el presente. Pero no es así.

Tanto “recuerdo” como “cordura” tienen su origen en el latín y provienen de “corazón” (cordis). Curiosamente, “cuerda” proviene igualmente del latín, pero de “tripa” (chorda). Al quedar todo entre vísceras, es normal que nos remueva por dentro un “acorde” de guitarra, el cual lo producen el rasgueo de seis cuerdas y su etimología latina es “unir los corazones” (accordare).

Vuelvo a centrarme en el “recuerdo” y la “cordura”. Para nuestros antepasados, recordar era hacer que algo (o alguien) volviera a pasar por el corazón. Estar cuerdo significaba tener un corazón activo. También los griegos situaban el pensamiento en un lugar distinto al cerebro. No un sinónimo, pero en cierta medida un equivalente actual a “cordura” de origen griego sería “ortofrenia” y proviene de “correcto” (orthos) y “diafragma” (phren), es decir, situaban el pensamiento en el ritmo de la respiración. Con el paso del tiempo, la evolución sociocultural y sobre todo el avance de la ciencia, las palabras y su significado han ido evolucionando más o menos a la par. Y al igual que a un ser humano le gusta saber cuál es su origen y buscar la comprensión en sus semejantes, a las palabras les pasa lo mismo. Las palabras están tan vivas o más que nosotros. Pero nosotros traficamos con ellas como si fueran monedas de cambio. Consideramos importantes a aquellos que tienen don de palabra por la cantidad de vocablos que conocen y por la habilidad para usarlos y expresarse con total claridad. ¿De verdad veis la riqueza solo ahí? ¿En la cantidad y la habilidad? Sería una pena que fuera así.

Gran parte del valor de las palabras reside en sus orígenes. Hacer de su significado ancestral una tesis, de su significado actual una antítesis y de su razón de ser y su expresión en tu ser la síntesis. Ese proceso te hace amar las palabras como a tus abuelos e hijos.

Os pongo a mí mismo como ejemplo. Cuando recuerdo, es como si viajara en el tiempo. No me pongo a recordar reconstrucciones completas de los hechos, ahí sé que corro el riesgo de engañarme, aunque este en mi caso sea mínimo. Recuerdo hechos concretos, sensaciones sin necesidad de ser conectadas unas con otras porque importa una mierda el por qué. Ya está ahí, en el corazón de mi mente, no se puede borrar voluntariamente. Y por la forma de recordar que tengo tan definida y vívida, a los demás les puedo parecer alguien muy poco cuerdo porque puedo reírme solo por la calle (por poner un ejemplo de entre todos los cabos sueltos que deja mi personalidad). ¿Me entendéis mejor cuando confieso sentirme verdaderamente extraño en mi entorno? ¿Cómo voy a convivir a gusto con un entorno que se contradice tanto y no entiende la profundidad de las palabras con las que expresa sus impresiones? Es agotador, sobre todo porque la mayoría de esas impresiones son prejuicios y lastres, arrastrados generación tras generación. Lo que a todos les parece locura es en realidad una demostración de la profundidad y sensibilidad con la que dentro de mí siento todo lo que me ocurre, lo que conozco, lo que me queda por conocer, lo que me ha pasado, lo que no me pasará nunca, las ideas que guardo como vosotros guardáis joyas y dinero… el que soy en realidad y solo yo conozco.

No tenéis ni puta idea.

Y me da igual. Ya me da igual parecer un loco.

Mi locura es el eppur si muove que os contesto. A todos. Sin excepción.

Quién sabe a quién recordaréis cuando yo ya no esté aquí. Ni yo mismo lo sé.

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Hace unos días anuncié algo en mi cuenta de Twitter dedicada a la esteganografía:

Bueno, pues no. No es este artículo. He preferido dividirlo en dos partes y publicar primero esta. Pronto publicaré la siguiente, quizá mañana por mi cumpleaños. Así me hago un regalo a mí mismo. ¡Paciencia, que ya vuelvo! ☺

Antes de entrar en materia con el próximo artículo, me apetece escribir esta entrada para contaros qué y quiénes me han motivado a escribirlo:

  1. He de mencionar a Chevismo.com y su /start. Este experimento de Chevi me absorbió por completo desde que lo conocí gracias a Isaac y él a su vez gracias a Paz, quien ya había superado todos los niveles. Sí, niveles. Cuando entré por primera vez, la página era distinta, pues hoy el chat está abierto para todo el mundo. Antes había un felpudo en el que tenías que limpiarte bien los pies (en palabras menos metafóricas, tenías que ganártelo). Al principio no vi nada raro, pero por lo que me había comentado Isaac, algo había que buscar. Me tuvo que dar varias pistas, porque no tenía ni idea de qué quería decir todo esto, estaba empanadísimo en aquel momento… pero me espabilé rápido. En esa página, aparentemente inofensiva y famosa por su Hitler Creator, se escondía lo que me tuvo en ascuas durante exactamente 2 días y 23 horas (casi 3 días): una serie de retos sobre programación y criptografía, en total eran 11 niveles. En ese periodo de tiempo conseguí superarlos todos (no se me puede dejar cerca de estas cosas, me obsesiono y dejo de ser persona). Lo que más me irritó y entusiasmó a partes iguales fue el que entonces era el último nivel. Estuve un día entero rompiéndome la cabeza para dar con la solución. Sin éxito, me fui finalmente a la cama… y soñé la clave (de lo que se deduce que le dediqué hasta mis horas de inconsciencia, las cuales he incluido en esas 71 horas que tardé en conquistar la cumbre). Me desperté como loco de la cama y ni siquiera desayuné aquel día, porque recuerdo también cómo mi madre me echó la bronca varias veces por ello. Nunca algo me había estimulado hasta tal punto. Por ello, tengo mucho que agradecer a esas personas. Gracias por la experiencia, en serio. ☺

  2. Merecen también mi agradecimiento todos aquellos que inspiraron a Chevi para construir su web. Como bien afirma él, son verdaderos gurús de la programación. Fue hace relativamente poco cuando la nostalgia quedó conmigo para dar una vuelta y me llevó por Chevismo de nuevo. Hacía tiempo que no pasaba por ahí, aunque desarrollé la costumbre de echar un vistazo (al menos al /diario) de vez en cuando. Rebuscando por todas las secciones, di con un lugar que olvidé: +Ma’s Reversing Resources. Fue tal mi subidón cuando resolví todos los niveles de Chevismo que entonces no me apeteció seguir poniendo a prueba mis límites con los niveles diseñados por Malattia y otros cuantos monstruos más. Cuando me puse con ellos, me quedé de piedra. Son 28 niveles, de los cuales el primero me pareció de la misma dificultad que el primero de Chevismo. Hasta ahí bien… pero la dificultad del segundo me recordó al último con el que soñé. Anonadado me quedé, jajaja… Actualmente estoy intentando resolver el noveno. Es un vicio, pero lo llevo con más lentitud. Y he aquí el segundo motivo: en los ocho niveles anteriores he aprendido lo suficiente como para diseñar los míos propios. Por así decirlo, mi segunda motivación no es solo un agradecimiento más. Lo son también mi aprendizaje y mi creatividad. Se estaban muriendo de sed esas partes de mí y ya no me basta con resolver enigmas ajenos. Sentí la necesidad de expresarme creando los míos propios. Oficialmente, ya he diseñado cuatro niveles más para Chevismo. Con mi primer nivel, conseguí algo que me gustó bastante: @-Dark-Phantom- es el único que lo ha resuelto hasta la fecha y gracias a ello le di, involuntariamente, una idea para desarrollar un nivel propio. Fue complicado resolverlo, tardé el doble que en los 11 anteriores, pero mereció mucho la pena… Con cada nivel que he diseñado, también he hecho varios homenajes. Porque no solo las soluciones son importantes, también importa lo que aprendes hasta llegar a ellas.

  3. Un tercer motivo, ligado bastante al segundo, es mi sorpresa al buscar en el mismísimo Google ciertos neologismos en castellano y no encontrar ninguna coincidencia (después de la publicación de esta entrada de blog ya habrá alguna coincidencia, claro). Sí que se han utilizado en inglés, pero me sorprende que ningún castellanohablante los haya utilizado antes que yo (qué queréis que os diga, ya me había acostumbrado a descubrir que casi todo lo que pensé por mí mismo desde mis 8 a mis 18 años ya lo habían pensado otras mentes más importantes e inmortalizadas en libros de Ciencia, Historia, Filosofía… y que ahora, a mis casi casi 24 años me encuentre con esto, pues sorprendido hállome, para mí no es cosa de poco). Las palabras a las que me refiero pertenecen a la misma familia y son estas: «esteganofonía», «esteganografiti», «esteganofilia» y «esteganófilo». Quizá me deje alguna, pero eso ya os lo dejo a vosotros. Derivadlas cuanto queráis. Como si queréis esteganografiarlas (los que sepáis) por ahí en algún sitio. Adelanté en un tuit la primera de ellas:

    Un esteganografiti sería un grafiti digitalizado en el que se ha incrustado u ocultado información de cualquier tipo (como mi foto de perfil en mi cuenta personal de Twitter). Y qué decir de las dos palabras restantes que no se sobrentienda ya… La esteganofilia es la atracción por lo oculto a nivel de bits, la debilidad por el juego del escondite digital… y eso soy yo, un esteganófilo desde que supe de estas técnicas de ocultación, de cómo combinarlas con encriptación y de cómo diseñar esteganogramas y esteganofonías de lo más artesanales. Para mí y para Zoltán Szegedy-Maszák (no he encontrado a nadie más por ahora) no solo son técnicas para ocultar o proteger información. También son una forma de arte y de expresión. Y con esto vuelvo al principio, agradeciendo nuevamente a Chevi la oportunidad que le ha dado a mis niveles para que hagan acto de presencia en su página. No solo como niveles, también para que sean entendidos como obras de arte y homenajes.

Creo que con esto demuestro algo. Y no pretendo demostrároslo a vosotros, me lo estoy demostrando a mí mismo: tengo motivos de sobra para dedicarme a hacer lo que me más gusta, capacidad para vencer cualquier obstáculo, ilusión por aprender más y más, imaginación de sobra para seguir creando mis propios mundos, ganas de enseñar todo lo que sé a quien merezca aprenderlo y la plena confianza en que, consiga todo o no consiga nada, seguiré estando vivo hasta que me muera. Ahora, te hago una pregunta: ¿te ha hecho gracia que suelte algo tan obvio o te has parado a pensar un poco lo que quiero decir realmente?

Así entiendo yo la esteganografía: una forma de dar por hecho las apariencias. Y a mí no me gusta dar cosas por hecho precisamente. Mi mensaje en esta ocasión no está tan oculto: podría dedicar mi tiempo a estar muerto en vida, pero no será así. Me queda mucha guerra que dar aún.

Hoy he leído este pequeño post que me ha provocado un comentario. Un comentario que puede ser otro post en sí, y por eso hago este reblog, para plasmarlo por aquí también:

Pienso (nunca mejor dicho) que el pensar es la pareja perfecta del sentir.

Nacieron, crecieron y… No todo es blanco o negro. No siempre se llevarán bien y nunca van a poder estar sin intuirse a la vuelta de cualquier esquina. Juntos y separados a la vez. La relación más complicada que ha existido jamás sobre la faz de este planeta, la cual hace del mismo un lugar inmejorable. Las discusiones son o muy acaloradas o muy planas. O las ciudades se arropan en nieve, o la mayor de las erupciones volcánicas puede estar latente.

Nunca se sabe qué viene después de su crecimiento. Pero está claro que ya se casen, se divorcien, se reconcilien o simplemente sean una práctica pareja de hecho (porque de hecho son pareja para quien lo quiera y para quien no), Razón y Emoción se reprodujeron y se hicieron inmortales a sí mismos. Porque se convirtieron en Vida. 🙂

Gracias a escritos como este consigues que, por lo menos por mi parte, una chispita tenga lugar en mi interior y me motive a expresar mi particular punto de vista.

Nunca dejes de pensar. Nunca dejes de sentir. Apáñatelas como puedas porque hacer las dos simultáneamente y con eficiencia requiere destreza. Pero si perseveras, verás que tu maña en la Vida irá tan a más que la muerte te parecerá un cuento para niños. Que te resultará una milonga para que vivieras rápido sin aprovechar el momento. A toda prisa, perdiéndote como el sabor que se le escapa a cada una de tus papilas gustativas cuando engulles un tenedor de arroz tres delicias. Nos fiamos del nombre que le dan a todo, como a ese arroz. Nos creemos que son tres delicias las que vamos a experimentar en nuestra boca e ignoramos las infinitas menos tres delicias que dejamos al margen cuando comemos rápido.

Que la Vida no se nos va. Que nos han engañado. Que la Vida es mucho más.

Creo que te puede interesar mi última entrada de blog. Creo que será importante para ti también. Porque presiento que tienes algo muy importante que contarle al mundo si llegas a comprender esto que me ha incitado a expresarte uno de esos momentos que tiene tu mente. Esos que últimamente la sociedad tacha tanto de negativo. Pensar. Uy, qué cosa más mala…

Pues aquí tienes a uno que te apoya. Y sin que tú lo sepas quizá, hay miles y miles que te apoyan como yo.

Un saludo, Pau. Sigue contándole al mundo quién eres para que no se olvide nunca. Y mucho más importante, para que no se te olvide a ti quién puedes llegar a ser.

No tenía pensado escribir esta noche nada por aquí. Pero de nuevo la música tiene la culpa. En este caso no se trata de Fuel Fandango, sino de Beardyman. Un experto beatboxer que además de hacer reír con sus buenas dosis de humor, no se queda con las ganas de experimentar al máximo. Así nos demuestra una vez más lo que es capaz de hacer; creando estilos como el “Bossa-Grunge”:

Esto es solo un preview de la pista en su perfil de Soundcloud… Os dejo una versión acústica aquí, que no tiene ningún desperdicio.

Y es justo este tipo de cosas las que me llevan a preguntarme por qué hay gente que suelta ideas como “ya no se puede innovar mucho más en la música”, “es inevitable que un tema te recuerde a otro cuando has escuchado mucha música” o “innovar en la música es repetir un poco de unos, otro poco de otros y hacer una ensalada con todo para que llame la atención o resulte ser un truño”.

Por una parte, me parece una falta de respeto a una parte de nosotros mismos hablar así de la música. Por otra, creo que es verdad parte de lo que esas ideas intentan decir, pero no dan en el clavo porque ridiculizan lo que la música significa realmente.

La música es algo que llevamos en las entrañas, es parte de nuestro instinto ya, desde que el hombre es hombre ya era una forma más de expresión social y cultural. Y ahora que llegamos a un punto de la vida en que por unas u otras razones (no vienen a cuento ahora esos procesos) la música es también un negocio (y ahora evolucionamos, o involucionamos, no sé, a un nivel en el cual el hecho de que la música sea un negocio también es un negocio, véase la SGAE sin ir más lejos).

Es por eso que deberíamos cuidar un poco nuestra forma de expresar cómo sentimos la música si nos resulta monótona en algún momento de nuestras vidas. La música, desde que nacemos, ya está rodeándonos. Es algo demasiado habitual en nuestro entorno desde que tenemos meses, por lo que ya no le damos tanto valor u olvidamos hacerlo. Por ejemplo, era Pitágoras ya en el siglo V a. C. el que afirmaba que el movimiento de los astros generaba una hermosa y armónica música que no eramos capaces de percibir ni identificar, pues la llevábamos escuchando desde que salimos del útero de nuestras madres. Y Porfirio, un filósofo de un siglo o dos posterior a él, hablaba así de Pitágoras: “él oía incluso la armonía del todo: aquella que contenía la armonía universal y música de las esferas y los astros que se mueven dentro de dichas esferas, armonías que las deficiencias de nuestra naturaleza nos impiden percibir”.

Bueno, hoy en día todos sabemos que no existe esa música de la que hablaba Pitágoras, pues el sonido no se propaga por el vacío, necesitando de un medio material como el aire de la atmósfera. Pero su reflexión y lo que Porfirio decía de él nos deja una idea muy importante y es lo que había comenzado a evidenciar antes. La música está con nosotros desde que nacimos. En la televisión, en la calle, supermercados, coches, reproductores MP3… Va con nosotros a todas partes. Siempre tenemos a alguien que la esté expresando cerca o a alguien que esté reproduciendo cómo la expresa(n) otro(s). Ya no la vivimos tanto. Esa mínima sensación de impresión, de implosión de sentimientos que nos causa escuchar una canción que nos gusta es lo mínimo que tenemos ya, cuando podríamos tener más.

Habría que ser un poco como Pitágoras para evitar caer en juicios como los que citaba al principio de esta reflexión. Un poco, no tanto para llegar al extremo de escuchar sonidos donde no los hay, claro… Y con un poco, me refiero a saber apreciar la música como se merece. No haciendo comparaciones entre las personas, dejar un poco de lado los intereses que persigue alguien al expresar esa parte, percibiendo cada nota y cada ritmo como distinto cada vez que se expresa y cada vez que es expresado por alguien que lo repite (sea plagio o no, aunque si he dicho antes de olvidar los intereses que se persigan expresando música, me refería a olvidar conceptos como “plagio” también), dejar que nos llame la atención hasta el ruido mientras no sea molesto… Ser más vivos, en resumen. Eliminar la rutina de hasta donde nadie ni nada (salvo nuestro propio nacimiento) nos la infundó. Porque es esa rutina de estar siempre rodeado de sonidos lo que nos limita. Y esas deficiencias a las que se refería Porfirio, no están en nuestra naturaleza, sino en nuestra educación, en nuestra sociedad y en el mundo que se ha ido creando poco a poco. Salvemos parte de lo que hay en nuestros genes pensando un poco, igual que hacía Pitágoras. Pero lo dicho, solo un poco.

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