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Tag Archives: música

Nacido el año 1987 en Tidaholm (Suecia), siempre ha estado rodeado de música. Siendo hijo de un pedagogo docto en música clásica, empezó a tocar el violonchelo clásico desde muy pequeño. Conforme fueron pasando los años descubrió que se le daba mejor componer que leer, aunque desarrolló su destreza siendo miembro de una orquesta de jóvenes durante mucho tiempo. Estudió en la escuela de Tranås durante 3 años, formándose en Artes Escénicas y Técnico en Sonido.

Su verdadera vocación la podemos ver reflejada en todo su canal en YouTube, donde encontramos una gran cantidad de versiones de temas de videojuegos sobre todo y también composiciones propias. Considero que merece especial mención su versión de un tema de aquel mítico para la Super Nintendo, porque es una de las mejores pruebas de su sensibilidad y percepción para la música:

Remix de la banda sonora del capítulo 2 del videojuego: “El bosque de los mil peligros”

Las posibilidades que brinda el “looping” a Freijman junto con su violonchelo eléctrico son increíbles, como habéis podido comprobar ya. Creando versiones de temas de videojuegos como Secret of Mana y Final Fantasy, de temas clásicos de compositores como Bach, de éxitos de artistas como Akeboshi y también con temas propios, Sebastian nos demuestra que su talento es indudable y que no tiene reparo alguno para experimentar y crear nuevos sonidos bastante inspiradores. Uno de sus temas propios más destacables es este:

Este es uno de sus primeros temas propios.

Actualmente se dedica a tocar como freelance colaborando en proyectos experimentales como y tocando en actuaciones de grupos como y , evolucionando constantemente como músico para algún día conseguir su meta: poder ir de gira por todo el mundo, mejorar como productor musical y dedicarse a la composición para la industria del entretenimiento. Si sigue así, seguramente lo conseguirá.

Lycka till, Freijman!

Como casi a todos los artistas y músicos que conozco ya, descubrí a Sortilegio una de estas noches en que exploro la red en busca de sonidos y notas que me impresionen, me lleguen a lo más hondo, me impacten, me emocionen, me inspiren… Y como no podía ser de otro modo, di con ellos.

De parte de Diego Salas y Laura Trinidad (componentes del dúo) recibí por correo con muchísima ilusión su álbum “Universos de papel”Universos de papel y su disco de cuentos “Érase una vez un poderoso Rovilegio”, con la colaboración del muy carismático y magnífico monologuista Dani Rovira. Si os soy sincero, no sabía cómo escribir sobre ellos cuando me topé con su música, me dejaron sin palabras. Pero una vez tuve entre mis dedos ese paquetito tan especial con sus dos discos en el interior, esperando a ser desenvueltos y disfrutados, instintivamente supe cómo iba a empezar.

Sin quitarle el envoltorio a “Universos de papel”, me fijé en la sencillez y la simpatía que se desprendía de la ilustración de la carátula. Una ilustración diseñada por Adolfo Cuevas que guarda mucho simbolismo y dice mucho de Diego, Laura y todos los que han estado ahí apoyándoles. Un faro del que emana luz que son notas en la noche… La música es su luz y su guía, y un mensaje en una botella en el mar, su esperanza, verde esperanza… Muchos sueños e ilusiones que están materializados tras esa portada tan especial. Me decidí a redescubrirlos, y rasgué el plástico para abrirlo.

Entonces, descubrí sus rostros en la portada del libreto, imagen inmortalizada en la Playa de la Misericordia de Málaga. Unos rostros que reflejaban el éxito y la felicidad que se siente cuando se cumple un sueño. Tras esa foto, unas palabras sinceras, intensas y muy acertadas por parte de Nacho Artacho y Amancio Prada, artistas muy experimentados y claros ejemplos a seguir. Tras esas fieles palabras, las letras de los temas que empecé a escuchar.

            • Prólogo (1:18)
  • Velando tu ausencia (3:16)
  • Tenemos el mar (5:04)
  • De espejos de río (5:06)
  • El día menos pensado (3:29)
  • Mujer de barro (3:42)
  • Por si las dudas (3:23)
  • Mar del Paraíso (3:57)
  • Nadie me enseñó (4:50)
  • Aromatizarte (2:43)
  • Un naufragio entre los dedos (3:19)
  • Epílogo: la Música (1:59)

 

Con un breve “Prólogo”, uno ya empieza a tomar conciencia de la tan abundante lírica en sus versos llenos de significado, de la previsible potencia en la voz de Laura, del puro sentimiento en la voz y guitarra de Diego y en una melodía de violín que nos permite esta toma de contacto inicial con sus más intensas experiencias hechas canciones. Le sigue el tema “Velando tu ausencia”, con un arpegio de guitarra y un acordeón mientras las voces de Diego y Laura cantan al unísono y también en canon. Un tema que impresiona por las emociones que despiertan sus versos, notas y voces.

Y es que son todos y cada uno de los temas recopilados en este álbum una expresión única y nueva de lo que son ellos, de su Sortilegio, de sus vidas. UnaDiego Laura y Dani de las mejores formas de escribir una autobiografía compartida, sin duda. Son temas como “El día menos pensado”, “Mujer de barro”, “Por si las dudas”, “Nadie me enseñó”, “Aromatizarte” y “Un naufragio entre los dedos” los que más te acercan a ellos, a sus vivencias, a las buenas cosas y las más intensas emociones que sacaron un día de sus amigos, de su gente, de ellos mismos.

Algo que sin duda siguieron demostrando con su segundo álbum, “Érase una Rovilegiovez un poderoso Rovilegio”, ese disco de cuentos que me ha dejado sin  palabras, pero con carcajadas teñidas de melancolía y de alegría, con las que me sentí mucho más cerca de Diego, Laura y Dani. Porque (y no exagero) me llegó a lo más hondo, reviví su primer álbum con diferencia a cuando lo escuché por primera vez, porque junto a Dani Rovira y sus palabras, su capacidad para manejarlas y llegar al interior de todos o bien sacar lo más positivo de nosotros con sus monólogos… Sin duda, una combinación inmejorable la de estos tres artistas en este segundo álbum del dúo Sortilegio:

  • Historia de un Sortilegio (26:10)
  • Una historia de amor imposible (11:48)

 

Es en esta última historia donde incluyen el tema “Cuestión de resistencia”, el  cual a su vez estará en su tercer álbum, “Beber el tiempo”. Será publicado en septiembre de este año incluyendo en total estos temas:Beber el tiempo

  • Fábrica de tiempo
  • Cuestión de resistencia
  • Desgranando una ciudad
  • El soldado y la costurera
  • Más allá del sol
  • Laura al otro lado del océano
  • La llegada del otoño
  • Mundos de tinta
  • Los tiempos del verbo amar
  • Cuando se apague la última estrella
  • No hay pasos perdidos

 

Sin importar cuán altas sean mis expectativas en este tercer álbum, estoy convencido de que las superarán. Un saludo a todos, en especial a Laura y Diego, a los que deseo mucha suerte con su tercer álbum.

No tenía pensado escribir esta noche nada por aquí. Pero de nuevo la música tiene la culpa. En este caso no se trata de Fuel Fandango, sino de Beardyman. Un experto beatboxer que además de hacer reír con sus buenas dosis de humor, no se queda con las ganas de experimentar al máximo. Así nos demuestra una vez más lo que es capaz de hacer; creando estilos como el “Bossa-Grunge”:

Esto es solo un preview de la pista en su perfil de Soundcloud… Os dejo una versión acústica aquí, que no tiene ningún desperdicio.

Y es justo este tipo de cosas las que me llevan a preguntarme por qué hay gente que suelta ideas como “ya no se puede innovar mucho más en la música”, “es inevitable que un tema te recuerde a otro cuando has escuchado mucha música” o “innovar en la música es repetir un poco de unos, otro poco de otros y hacer una ensalada con todo para que llame la atención o resulte ser un truño”.

Por una parte, me parece una falta de respeto a una parte de nosotros mismos hablar así de la música. Por otra, creo que es verdad parte de lo que esas ideas intentan decir, pero no dan en el clavo porque ridiculizan lo que la música significa realmente.

La música es algo que llevamos en las entrañas, es parte de nuestro instinto ya, desde que el hombre es hombre ya era una forma más de expresión social y cultural. Y ahora que llegamos a un punto de la vida en que por unas u otras razones (no vienen a cuento ahora esos procesos) la música es también un negocio (y ahora evolucionamos, o involucionamos, no sé, a un nivel en el cual el hecho de que la música sea un negocio también es un negocio, véase la SGAE sin ir más lejos).

Es por eso que deberíamos cuidar un poco nuestra forma de expresar cómo sentimos la música si nos resulta monótona en algún momento de nuestras vidas. La música, desde que nacemos, ya está rodeándonos. Es algo demasiado habitual en nuestro entorno desde que tenemos meses, por lo que ya no le damos tanto valor u olvidamos hacerlo. Por ejemplo, era Pitágoras ya en el siglo V a. C. el que afirmaba que el movimiento de los astros generaba una hermosa y armónica música que no eramos capaces de percibir ni identificar, pues la llevábamos escuchando desde que salimos del útero de nuestras madres. Y Porfirio, un filósofo de un siglo o dos posterior a él, hablaba así de Pitágoras: “él oía incluso la armonía del todo: aquella que contenía la armonía universal y música de las esferas y los astros que se mueven dentro de dichas esferas, armonías que las deficiencias de nuestra naturaleza nos impiden percibir”.

Bueno, hoy en día todos sabemos que no existe esa música de la que hablaba Pitágoras, pues el sonido no se propaga por el vacío, necesitando de un medio material como el aire de la atmósfera. Pero su reflexión y lo que Porfirio decía de él nos deja una idea muy importante y es lo que había comenzado a evidenciar antes. La música está con nosotros desde que nacimos. En la televisión, en la calle, supermercados, coches, reproductores MP3… Va con nosotros a todas partes. Siempre tenemos a alguien que la esté expresando cerca o a alguien que esté reproduciendo cómo la expresa(n) otro(s). Ya no la vivimos tanto. Esa mínima sensación de impresión, de implosión de sentimientos que nos causa escuchar una canción que nos gusta es lo mínimo que tenemos ya, cuando podríamos tener más.

Habría que ser un poco como Pitágoras para evitar caer en juicios como los que citaba al principio de esta reflexión. Un poco, no tanto para llegar al extremo de escuchar sonidos donde no los hay, claro… Y con un poco, me refiero a saber apreciar la música como se merece. No haciendo comparaciones entre las personas, dejar un poco de lado los intereses que persigue alguien al expresar esa parte, percibiendo cada nota y cada ritmo como distinto cada vez que se expresa y cada vez que es expresado por alguien que lo repite (sea plagio o no, aunque si he dicho antes de olvidar los intereses que se persigan expresando música, me refería a olvidar conceptos como “plagio” también), dejar que nos llame la atención hasta el ruido mientras no sea molesto… Ser más vivos, en resumen. Eliminar la rutina de hasta donde nadie ni nada (salvo nuestro propio nacimiento) nos la infundó. Porque es esa rutina de estar siempre rodeado de sonidos lo que nos limita. Y esas deficiencias a las que se refería Porfirio, no están en nuestra naturaleza, sino en nuestra educación, en nuestra sociedad y en el mundo que se ha ido creando poco a poco. Salvemos parte de lo que hay en nuestros genes pensando un poco, igual que hacía Pitágoras. Pero lo dicho, solo un poco.

Todo comienza el momento en que decido escaparme a Madrid para pasar un fin de semana con mi hermana. Habiendo llegado allí y descansando en su piso, empezamos a hablar de música. “Un grupo que he descubierto hace poco es Fuel Fandango, molan mucho”, me cuenta. Entonces escucho por primera vez su tema “Shiny Soul” en YouTube. No me di cuenta del tiempo que pasó desde la última vez que la música despertaba tanto en mí. Me sorprendieron muchísimo, esa mezcla tan potente de estilos que no lograba identificar… Me entraron tanto desde el primer momento en que tuve noticia de ellos que decidí informarme y descubrirlos más a fondo. Cuando supe que Cristina era cordobesa y Ale era canario me impactaron aún más. Me parecieron una combinación tan cuidada como atractiva. Su primer Extended Play se convirtió en mi lista de reproducción diaria. Esa voz, esa guitarra, esos ritmos y ese estilo tan ecléctico y natural… Llegando febrero de 2011, me entero de que sacan su primer álbum por fin. Lo escuché por Spotify y noté mucha diferencia en el sonido. Pero para nada me gustó menos, al contrario, me parecía más atractivo aún. Temas como “Hype” y “Shiny Soul”, que ya me encantaron al escucharlos en el EP, con ese sonido más marcado, mas “garage rock” (por compararlo con algún sonido ya creado a pesar de no gustarme las comparaciones ni etiquetar). Y temas nuevos que no escuché antes por no haber tenido oportunidad de ir a uno de sus conciertos, como “The Engine”, “Monkey”, “I Say No” y “Always Searching” son los que más me calaron, aunque me encanta el álbum entero, cada tema es único y diferente al resto. No pude evitar aprenderme sus letras, tengo la manía de sacarle la letra a canciones en inglés desde que tengo 16 años… Incluso cuando me ponía a tocar la guitarra o el teclado, tenía la necesidad de sacar alguna parte de alguno de sus temas para quedarme tranquilo, jajaja. Tenía que ir a uno de sus conciertos como fuese.

Entonces volví a Madrid en febrero, esta vez a pasar dos días con Carlos, uno de mis mejores amigos del pueblo. Actuaban en la sala Caracol el día jueves 24, pero no teníamos la entrada ya comprada con la esperanza de que quedaran en taquilla… y no fue así. Nos quedamos en puertas Carlos, Dani (otro amigo tocayo mío como podéis ver, jeje) y yo. Intentamos… Bueno, no. Carlos intentó por todos los medios conseguir una forma de pasar. Habló con Cristina, después con los porteros, luego vió a Ale y también le preguntó… Nada. No había nada que hacer. Todas las entradas se vendieron y no quedó ninguna que vender en taquilla. Resignados, nos fuimos a cenar y vimos “True Grit” en versión original… Estuvo bien la peli, sí, pero… No me sentía completo yo aquella noche. Frustración y rabia por no haber comprado la entrada antes.

Para ser sincero, que todo pasara como pasó fue perfecto. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que acabé disfrutando de ellos y su música con Carlos (que lo acreditaron como fotógrafo) en Granada, una ciudad que no había pisado aún. Y llegar a aquellas tierras para disfrutar de, además de Fuel Fandango, de Cycle, fue matar dos pájaros de un tiro. Porque Cycle fue uno de esos descubrimientos raros que hago buscando música. Los descubrí por un anuncio de televisión… Es que yo cuando escucho algo que me llama la atención, no paro hasta que sé qué es. Y disfrutar de ellos fue un chute de adrenalina bastante intenso.

Fuel Fandango tiene tanto sentimiento, tanta potencia, un color, un estilo y un arte tan especial que si ya estaba enganchado a su música, vivirla como la viví allí me hizo aún más adicto. Cristina con su voz, su sensualidad, su fuerza y su presencia. Ale con su guitarra, también su voz y esos momentos de miradas que lo dicen todo, como el que hay capturado en la cabecera de este post y que gracias a mi amigo Carlos puedo recordar con máxima viveza. No puedo olvidar mencionar a Carlos Sosa, ese batería que me puso los pelos de punta durante todo el concierto con esa energía que se le veía borbotear, fue impresionante.

Si no los hubiera ido a ver a Granada, quizá no los hubiera podido ver en persona y felicitarles como mejor pude por haberme hecho disfrutar tanto tanto. Y es que justo por ese pequeño detalle, todo ha salido perfecto. Ha merecido la pena quedarse en puertas una vez para poder disfrutar de ellos en condiciones.

Porque soy adicto a la música y a la gasolina, ¡arriba Fuel Fandango!